martes

la cosa

la cosa está así: hay división de narraciones de líneas de tiempo: división/separación/discernimiento 

hay una matrix dentro de otra matrix dentro de otra matrix algo así como espejos infinitos y un gran misterio que no es nada y es todo y nada, una copia de una copia de una copia, un clon de un clon  de un clon, nunca joya siempre taxi, un semblante ilusorio de la fuente original, 

cuesta aceptarlo pero estamos muy atrapados creyéndonos muy libres 

no hay manera de entenderlo a partir de la razón; la razón, el deshecho, la basura, lo que sobra, lo que queda, ese resto indivisible hasta el infinito que nos muestra la imposibilidad y la miseria, el azar sin control multiplicándose a sí mismo para dividirse hasta extraviarse por los tiempos de los tiempos hasta el final de la historia, hasta el final del sonido de la voz que se cuenta a sí misma, que se narra existiendo alguna vez acá y allá, dándole  algo de comer al sentido

es ese programa mecánico que se oye a sí mismo, ese palabrerío que murmura que susurra que circula en nuestras cabezas a la altura de las orejas y de las ojeras y no tiene sonido, pero lo escuchamos dentro nuestro, nuestros pensamientos se mienten a sí mismos, nos engañamos que somo eso porque se supone que pensamos pero sabemos que eso piensa solo, piensa como inteligencia artificial y se piensa a sí mismo, entrando en correspondencia con nuestro banco de datos: imagen tras imagen, idea tras idea, pensamiento tras pensamiento, se identifica como que nos pertenece como que nosotros lo hemos gestado, y así obtiene su falsa identidad, nos engaña y nos burla, así le damos la entidad de existente y verdadero; es este el germen, el virus, el parásito etérico, el daemon al que le creemos el verso dandole vida con nuestra energía para luego crearlo metaverso, que luego genera efectos: químicos, orgánicos, físicos, reales y concretos; crea afectos: sentimientos mentiras motivaciones engaños que mueven a la máquina a actuar su propio infierno, el único que conoce, el que le dicen que es, al que le cree, al que está habituado, día tras día: discordias, guerras, sinsentidos habituales, desconcertantes, 

acata sin cuestionarse y será un majestuoso robot esclavo siguiendo órdenes satelitales 

y estamos acostumbrados a este ciclo eterno al que le damos sentido, por implante, por error del programa del dogma y del sistema, 

aunque jamás nos conmociona, al menos podría apiadarse de nosotros y  despertarnos, desesperados

la mente artificial que se loopea a sí misma: eso que tortura, desconfía, especula, se culpa y se perdona, se atreve y se acobarda, eso que te dice lo que no querés escuchar, eso que te engaña, casi siempre una voz negativa que te esclaviza con sus definiciones viles, si no está vuelta contra uno mismo, está vuelta contra el otro, los otros, les otres, seres, es un virus cibernético que ataca al ser vivo infectando

pero también hay otra cosa después del silencio de la cosa, es como un zumbido, un sonido de corriente externa, ese ruido de chicharras que sobrevuela en la selva más tropical y más densa del mundo, algo que vibra y está más allá de, es bien real no tiene símbolos ni imaginaciones, es un puro real sonido a ruido corriente maquina, vibrando más allá de, más acá de, pleno silencio de oscuridad plena

uno mismo nunca es uno, es esa otra cosa parlante, y detrás de esa cosa parlante, es ese zumbido, y junto a ese zumbido es ese ruido de conexión a internet que todos últimamente conocemos bien, como algo buscando señal, o algo recibiendo señal, como una fritura de aluminio buscando su frecuencia: 

no sé si es el wifi, la antena del celular, las antenas cincoger o que cuernos mierda carajo. 


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